Un martes de febrero a las 7 de la mañana, después de casi 2 meses, se activa uno de los "chat de mamis" (aunque hay algunos papás).
Un poco entredormida y sin todos los reflejos imagino que los mensajes que iba a encontrar serían del tipo "¿mamis hay tarea de vacaciones?" o "¿saben dónde se compra el uniforme?". Pero no, lejos de eso, el asunto que nos convocaba era el grupito de whatsapp de los chicos. Un grupo en el que no están todos (en otro posteo hubiera hecho hincapié en la necesidad de que esto no ocurra) y donde tanto nenas como nenes envían imágenes, videos y audios con contenido sexual explícito.
Cabe aclarar que los protagonistas son niños y niñas de 10 y 11 años que están próximos a comenzar 6to grado.
El "chat de mamis" empieza con un mensaje largo, super ubicado que seguramente fue revisado varias veces antes de ser enviado. Las palabras parecían haber sido cuidadosamente seleccionadas.
Las respuestas varias de los adultos no tardaron en llegar.
"Mi hijo no fue". "Mi nena no está en el grupo". "Yo reviso el celu siempre". "Yo no le miro el celu nunca". "Pido disculpas por lo que mandó mi hijo/a".
Como mamá quería salir corriendo a revisar el celu pero me pareció más prudente poder charlarlo cuando él se despertara y mirarlo juntos para poder hablarlo. Cuando volví a casa después del trabajo intenté encararlo así, pero (dato de color) él no estaba en el grupito.
Me quedé pensando toda la tarde, porque como digo siempre el problema somos los adultos. Adultos que no supervisamos lo que nuestros hijos hacen y que, muchas veces no dimensionamos la gravedad de los hechos. Este intercambio sucedió en un grupo de niños, pero podría haber ocurrido con algún adulto que los esté acosando.
Pensé en encararlo desde la seguridad digital o el sexting... No quería (ni quiero) que quede en un artículo banal que chismosea lo del grupito.
Es de noche, sigo pensando y, mientras escribo, no encuentro un tema que le vaya mejor que "el rol de los adultos en la sexualidad de los chicos".
Voy a citar al educador Diego Martín Delgado Jiménez para decir que "el fenómeno de la hipersexualización de la infancia consiste en la tendencia a sexualizar a los niños y niñas a través de la sexualización de las actitudes, expresiones, posturas o códigos de vestimenta, entre otras cuestiones".
(Link para leer el artículo completo del autor citado).
Y desde esta definición voy a plantear mi reflexión. ¿Qué estamos haciendo como adultos que mostramos a nuestros pares que nos empoderamos y deconstruimos, que hacemos de cuenta que somos abiertos a todo y, también, que las sabemos todas, pero exponemos a nuestros hijos a contenido erótico y sexual desde edades tempranas?
¿Cómo llega a la boca de estos chicos palabras como penetración? ¿Cuánto contenido (real o virtual) han visto para enviar audios con gemidos? ¿Qué necesidad o carencia tienen para buscar la pertenencia a un grupo de esta manera a esta edad?
No es mi intención juzgar la crianza de ninguna familia, pero estamos hablando de niños y niñas de 10 y 11 años, que mantuvieron un intercambio de audios, fotos y videos con contenido sexual explícito.
Que, aunque justifiquemos la situación diciendo que son cosas de chicos, vieron y compartieron ese material, seguramente sin la explicación y el acompañamiento necesario.
Quiero, antes de terminar, aclarar que estos temas se trabajan en ESI en las escuelas, con diferentes enfoques y desde distintas posturas. El tema es que pornografía y relaciones sexuales no son contenidos para trabajar en 5to grado de la escuela primaria.
Por eso insisto con el rol de los adultos. Las familias debemos recuperar el lugar de protectores de nuestros niños. No hacemos todo bien, nos equivocamos en el camino y aprendemos al andar, y eso es normal y hasta lógico, pero no podemos dejar de preocuparnos y ocuparnos de su integridad.
Siempre es mejor prevenir que curar, quizás este episodio nos viene a marcar que es buen momento para preguntarnos ¿qué estamos haciendo los adultos para que esto pase?
Comentarios
Publicar un comentario