A veces me pongo profunda y siento la necesidad de compartir algunas reflexiones. Me interesa que quienes se detengan a leerlas encuentren una invitación a la introspección y a recuperar esas discusiones que, en medio de la vorágine cotidiana, solemos dejar de lado. En uno de esos intercambios diarios, en los que también se va moldeando el futuro, recordé algo que había dejado asentado en un cuaderno tiempo atrás: «El hombre no podría vivir sin poder tener juicios seguros acerca del comportamiento que otros adoptan con él». — Luigi Giussani, El sentido religioso . El juicio moral es una facultad humana que nos permite distinguir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto. Pero ¿de dónde provienen esos criterios? ¿Cómo construimos esa especie de brújula que nos permite valorar lo que hacen los demás? Si viajamos a los orígenes del pensamiento occidental, encontramos a Platón y su teoría de la reminiscencia: conocer, para el filósofo, implicaba recordar. El conocimiento no era una sim...
En la conversación educativa actual, la palabra transformación parece haberse convertido en un mandato ineludible. Cada ciclo lectivo desembarca con su propia artillería de novedades: dispositivos tecnológicos de última generación, diseños curriculares actualizados, plataformas de inteligencia artificial y un abanico inagotable de metodologías activas. Se nos presenta la innovación como una promesa automática de mejora. Sin embargo, en medio de esta carrera por lo nuevo, pocas veces nos detenemos a formular la pregunta que debería preceder a cualquier reforma: ¿en qué medida esta propuesta vuelve más valiosa la enseñanza y potencia el deseo real de aprender? No toda novedad constituye una mejora. Tampoco toda práctica tradicional merece ser conservada o descartada por el solo hecho de serlo. El criterio para evaluar una propuesta pedagógica no puede ser su antigüedad ni su apariencia vanguardista, sino su capacidad efectiva para generar experiencias de aprendizaje p...