En la conversación educativa actual, la palabra transformación parece haberse convertido en un mandato ineludible. Cada ciclo lectivo desembarca con su propia artillería de novedades: dispositivos tecnológicos de última generación, diseños curriculares actualizados, plataformas de inteligencia artificial y un abanico inagotable de metodologías activas. Se nos presenta la innovación como una promesa automática de mejora. Sin embargo, en medio de esta carrera por lo nuevo, pocas veces nos detenemos a formular la pregunta que debería preceder a cualquier reforma: ¿en qué medida esta propuesta vuelve más valiosa la enseñanza y potencia el deseo real de aprender? No toda novedad constituye una mejora. Tampoco toda práctica tradicional merece ser conservada o descartada por el solo hecho de serlo. El criterio para evaluar una propuesta pedagógica no puede ser su antigüedad ni su apariencia vanguardista, sino su capacidad efectiva para generar experiencias de aprendizaje p...
Hay situaciones que nos obligan a detenernos. No solamente por la gravedad de lo ocurrido, sino porque nos enfrentan a preguntas incómodas sobre la sociedad que estamos construyendo y los adultos que somos. Las denuncias conocidas en Lomas de Zamora, donde estudiantes habrían utilizado inteligencia artificial para generar imágenes sexuales falsas de sus compañeras y difundirlas en sitios de contenido para adultos, no pueden leerse como una travesura adolescente, un exceso de las redes sociales ni un problema tecnológico que debemos aprender a gestionar. Estamos frente a algo mucho más profundo: una vulneración de la intimidad, una forma de violencia que expone, humilla y lastima a otra persona, y que nos obliga a revisar qué estamos enseñando acerca de la dignidad humana, los límites y la responsabilidad. Hace unos meses, el papa León XIV publicó Magnifica Humanitas , una encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Su planteo es fundamen...