Hay situaciones que nos obligan a detenernos. No solamente por la gravedad de lo ocurrido, sino porque nos enfrentan a preguntas incómodas sobre la sociedad que estamos construyendo y los adultos que somos. Las denuncias conocidas en Lomas de Zamora, donde estudiantes habrían utilizado inteligencia artificial para generar imágenes sexuales falsas de sus compañeras y difundirlas en sitios de contenido para adultos, no pueden leerse como una travesura adolescente, un exceso de las redes sociales ni un problema tecnológico que debemos aprender a gestionar. Estamos frente a algo mucho más profundo: una vulneración de la intimidad, una forma de violencia que expone, humilla y lastima a otra persona, y que nos obliga a revisar qué estamos enseñando acerca de la dignidad humana, los límites y la responsabilidad. Hace unos meses, el papa León XIV publicó Magnifica Humanitas , una encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Su planteo es fundamen...
La tragedia de San Cristóbal dejó al descubierto algo que se venía murmurando por lo bajo. La forma en que se mira a la escuela cambió sustancialmente y ahora quedó demostrado. La presión se volvió más intensa, más directa, más acusatoria. Da la sensación de que, de un momento a otro, las instituciones educativas dejaron de ser espacios pedagógicos para convertirse en el lugar donde se depositan las culpas de las desgracias sociales. Hoy parece que todo es responsabilidad de la escuela. Desde los consumos problemáticos hasta las redes de cibercrimen o el fomento de conductas violentas extremas. Siempre aparece la misma pregunta: ¿cómo no se dieron cuenta? Como si el docente tuviera que anticipar, detectar y resolver, en soledad, cada conflicto que atraviesa a un estudiante. Como si todo lo que ocurre por fuera de la escuela, en la intimidad de los hogares o en la complejidad de la vida social, pudiera y debiera ser contenido dentro del aula. Este desplazamiento no es menor. No...